La caleta más célebre de las Egadi: nada de arena, sino las antiguas canteras de calcarenita que se elevan sobre un agua que va del turquesa al azul cobalto. El nombre proviene de la sangre de la batalla naval del 241 a.C. que puso fin a la primera guerra púnica. Se llega en bicicleta entre los muros de piedra, se baja de las rocas: zapatillas y máscara son obligatorias, sombra casi inexistente.
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